E aquí las 25 más escuchadas del iTunes de mi blanquito =D

Como podéis observar tengo gustos musicales muy variados, desde canciones antiguas como Bienvenidos de Miguel Ríos, tranquilas como The lord of the Dance, el rap de los Desterrados, pasando por El canto del loco o simplemente Black Eyed Peas.
¿Mi grupo preferido? La oreja de Van Gogh, sin duda alguna, llevo escuchandoles desde que mi memoria alcanza y es el único del cual dispongo la discografía entera original.
¿Cantante preferido? Jack Johnson, y en especial su canción Better together, en primer lugar de mi Top 25 (a 60 reproducciones, nada mas ni nada menos del segundo puesto).
¿Por qué escucharla tantas veces? Porqué es una canción que me relaja, que me ha emocionado vez tras otra, porqué me recuerda a una persona que me ha enseñado mucho, porqué a quien se la enseño le acaba gustando, porqué me ayuda a concentrarme, a pensar y a estudiar. 1001 porqués más habría… pero el porqué más importante es que transmite una magia que alimenta mi alegría, me pone de muy buen humor siempre que la escucho y porqué consigue traspasar la barrera de mis sentimientos haciendo resbalar alguna que otra lágrima por mi mejilla de vez en cuando=)
Aquí os dejo su video (quizá me guste más la canción original) y el lyric, que si sabeis ingles, seguro que os emociona =):

…Bajo del caballo blanco, el del ojo derecho verde esmeralda, y con cuidado ato las riendas, para variar, en la barandilla del viejo puente de madera. Cruzo lentamente, y con calma vuelvo al caminito de piedras blancas y grises donde sentada en nuestro banco junto a ti, me quedé anoche dormida sobre tu hombro. Le lanzo una mirada cuando paso por al lado, dibujando mi boca a compás una sonrisa. La misma que cuando estás a mi lado. Cruzo los árboles de hojas amarillas, en el suelo reposando muchas de ellas que al pisarlas un crec-crec suena como una dulce melodía en mis oídos, hasta llegar a la fuente. Sentada ya en una piedra, bebo del agua que fluye de entre las rocas, esperando a que ella venga a mi busca. No tarda mucho en llegar, ya la veo venir.
Apoyada en el apoyabrazos de detrás del coche, abro de repente los ojos. Un trueno ensordecedor acaba de iluminar toda la carretera consiguiendo despertarme de la habitual hibernación que adopto en los viajes largos. Tres horas llevamos ya, y las que quedan aún. Muevo mi brazo derecho, 

Llego, un poco justa de tiempo, pero al fin estoy aquí. Te busco con la mirada, primero entre las mesas con sombrilla colocadas en la calle de esa heladería que con tanto afán me has recomendado, no te veo. Miro también en el parque de enfrente y a ambos lados de la calle. He llegado antes, con lo que decido sentarme en una de esas sillas de metal a esperarte. Ojeo la carta de copas por encima pero enseguida la dejo encima de la mesa. De repente te veo surgir de la entrada del metro, subiendo a toda prisa por las escaleras automáticas. Me buscas y al encontrarme sonríes, con lo que pierdes tu atención en el suelo y tropiezas, dando cuatro o cinco pasos raros hacia delante consiguiendo, al fin permanecer de pie. Yo, de mientras, no puedo evitar reírme, nunca cambiarás y eso me gusta. Al acercarte, me saludas con un beso, sentándote frente a mi.