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Leer…

17 febrero 2008

A veces, dicen, una imagen vale más que mil palabras, pero yo prefiero disfrutar antes con cada una de las mil.

Remordimientos

17 febrero 2008

Tenía un brillo de ojos diferente aquella tarde fría y húmeda. Tendida en esa cama que parecía ofrecerle un poco de cobijo, habían conseguido romper su coraza llena de subjetividad romántica. Ellos, marionetas movidas por un ente llamado sociedad, sin querer, habían podido sacarle un secreto que la tarde anterior había jurado guardar.

Su brillo de ojos, sentía temor, miedo a ese ente tan poderoso, miedo a la imagen reflectada que suelen ver las personas que no han tocado el corazón y sobretodo vergüenza, de ella misma, de no haber sabido negar la afirmación, de haber caído en la trampa de telas de una viuda negra que prometiendo guardarlo, no le da importancia y tarde o temprano utiliza para atrapar a alguien más. Ahora comprendía: la sociedad vive, se alimenta gracias a los prejuicios, gracias al aspecto, a las apariencias, hoobies y cosas diversas que ella marca. Solo hay dos posturas, araña y presa, si te atrapan, intenta a la vez tejer una red para atrapar.

Aún revuelta entre sábanas deshechas, dos lágrimas de impotencia tiñeron de un color más oscuro la funda de la almohada. En ese mismo instante y seguido por un instinto, de esos que provienen de vete a saber donde pero que tienen la fuerza e intensidad de uno, o dos, huracanes, entró en la habitación. Ella, quieta, observaba como se acercaba al borde de la cama, le acariciaba el pelo y se estiraba a su lado. No dijo nada… pero con solo su presencia le parecía el poema más bonito compuesto jamás. Recordó entonces un día anterior, en el que ciertas personas le reprocharon su forma de ser, le animaron a cambiarla y justo antes de ni tan siquiera planteárselo, el dueño de una mota de energía de la que tenía estirada justo al lado le preguntó: ¿Vas a cambiar una de tus mejores virtudes sólo porqué no saben apreciarla, sólo porqué el ciego ente lo ve como un defecto?

Dicho y hecho, abrió los ojos y vio y notó que quien estaba a su lado no era ni más ni menos que todas las personas que le importaban juntas, que todos los buenos momentos vividos, que esas tijeras de energía positiva que consiguen cortar la tela que atrapa y que toda la fuerza de voluntad necesaria para crear de nuevo una coraza.

Al abrir los ojos no estaba ya… solo quedaba el perfume, la olor a seguridad y un calor especial que demostraba su efímera y a la par eficaz y tranquilizadora visita.

¿Qué ocurre?

4 febrero 2008

Primera historia del año…

 

Ruido de coches. Olor a humedad. Sensaciones que suben y bajan incansables desde la cabeza hasta los pies. Impaciencia mezclada con risas y manos en alto, para poder evitar chocar con algún atrevido obstáculo y de fondo, una presencia tan dulce y segura, que hace desaparecer la pequeña traba que acaba de aparecer delante de los ya cansados ojos.
Cinco, diez, veinticinco… pierdo la cuenta de los pasos. Un escalofrío, recorriendo y llenando el cuerpo iluminado por la débil luna, alimenta la imaginación y con ella la fantasía. ¿Qué pasa? ¿Por qué ocurre?
En sonido de la concurrida carretera hace rato que ha desaparecido, dejando paso al crec crec de hojas pisadas y el continuo resbalo de lo que se deduce que es barro.
Cesan los pasos a la misma vez que las manos dejan libre el lugar que ocupaban sobre la cintura. Con un agradable estironcillo en el pañuelo de seda y un ligero toque de gracia, éste cae con suavidad deslizándose por la cara.
Al abrir los ojos ya lo sé, ya lo siento. No existen las palabras ya… sólo el compás de un joven corazón que lo dice todo, que no late solo.
¿Qué pasa? No lo sé ¿Por qué ocurre? Desconozco la respuesta. Nada más queda añadir: la mejor forma de devolver un momento inolvidable es saber disfrutar de él.